Tóxicos ambientales

El Caballo de Troya de la Modernidad

Los tóxicos ambientales son omnipresentes e inevitables, visibles e invisibles, a menudo imperceptibles en el olor y sabor. Por lo tanto, pueden parecer bastante leves. Hasta que entren en nuestro organismo. Allí afectan nuestra regulación genética (Epigenética), nuestros procesos metabólicos, perturban nuestros mecanismos reguladores y a menudo causan inflamaciones latentes, subliminales y permanentes («inflamación silenciosa»). Al final todos los tóxicos ambientales dañan al sistema inmunológico. Son la base de numerosas enfermedades, en particular, de las enfermedades crónicas y graves. Por eso necesitamos una medicina moderna y precisa: la medicina ambiental.

Los perjuicios ambientales en la actualidad

Hoy en día, cada persona se enfrenta a innumerables sustancias tóxicas día tras día. En suma y a lo largo de los años, la carga aumenta. Dependiendo de su capacidad de desintoxicación individual, las personas se enfrentan a ella de maneras muy distintas. Los tóxicos ambientales desempeñan un papel central en los patrones de enfermedades de hoy. Un análisis de la carga perjudicial individual es casi siempre necesario para comprender las causas de una enfermedad. Hoy en día, una investigación causal sería incompleta sin un diagnóstico preciso de los tóxicos ambientales cotidianos. Por lo tanto, la medicina ambiental es un componente central de la medicina moderna.

Las sustancias tóxicas más frecuentes, más importantes y más amenazantes de la humanidad aparecen en la lista de clasificación de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA). De entre millones de sustancias tóxicas, se seleccionan los 250 más importantes y más comunes de la vida cotidiana en términos de difusión y toxicidad. Los primeros que aparecen en esta Lista de Cercla (Comprehensive Environmental Response, Compensation, and Liability Act) son metales y semimetales: 1. Arsénico, 2 Plomo, 3 Mercurio, seguido por PVC (policloruro de vinilo), PCB (bifenilos policlorados) y n noveno lugar, HAP (hidrocarburos aromáticos policíclicos). En séptimo lugar está el cadmio, otro metal, y en 13. lugar el insecticida DDT, que está prohibido en Europa, pero en el resto del mundo se rocían cientos de millones de toneladas al año. Sólo en el lugar 183. se encuentra el aluminio, y en el 224. lugar está listado la neurotoxina formaldehído, que fue mencionado a menudo en los medios de comunicación (datos: 2017). 

Por ahora, solo vamos a concentrarnos en las sustancias tóxicas más importantes que nos afectan diariamente. Es importante saber que otros metales también contribuyen al desarrollo de enfermedades; metales como la plata, el platino, el paladio, el oro (a menudo oro dental), el talio, el níquel, el berilio o el uranio radioactivo. Por ejemplo, si el cuerpo está expuesto al mercurio o al plomo y representa una carga sanitaria, (detectable en casi todos los seres humanos) la exposición adicional a la plata, al oro, paladio, platino, aluminio, cadmio, hierro, cobre, titanio o níquel puede multiplicar la toxicidad.

Por lo tanto, estudios pueden demostrar un efecto nocivo, incluso de pequeñas cantidades de aluminio (vacunas), hierro, cobre, uranio y níquel. El agua potable contiene una gran cantidad de uranio, que tiene una toxicidad similar al plomo. Casi un tercio de las fuentes de agua potable en Alemania contienen uranio, como resultado de la aplicación de fertilizantes fosfatados en el sector agrícola y sigue siendo un problema actual.

85.000 sustancias sintéticas dominan la vida cotidiana del hombre moderno

No prestar atención a los tóxicos ambientales en la medicina moderna es simplemente ignorancia. Además del número inabarcable de las cargas sanitarias, que se encuentran en las áreas exteriores e interiores, los alimentos industriales también forman parte de ello. El eterno paraíso donde uno encuentra cantidades ilimitadas de frutas, verduras, ensaladas, productos lácteos, carnes y cereales, se llama supermercado. Esta oferta infinita, solo es posible gracias a varios de miles de sustancias químicas.

Por ejemplo, el polvo de casa contiene formaldehídos o los retardantes de llama bromeados (PBB) y bifenilos policlorados (PCB), al igual que los compuestos neurotóxicos de la pasta de dientes, desplazan el yodo vital en la tiroides y, por lo tanto, promueven enfermedades tiroideales como la enfermedad de Hashimoto o Basedow. El número de personas que sufren las consecuencias está aumentando

No sólo nuestra tiroides depende del yodo, (lo que dice la medicina clásica), sino también los pechos femeninos, la próstata, el páncreas, la hipófisis (sistema de control hormonal) y nuestro tejido conjuntivo necesitan yodo. En la mayoría de nuestros pacientes podemos detectar una deficiencia de yodo.

En un mundo que está dominado por sustancias químicas y en el que todos los mares y lagos, así como sus habitantes, están contaminados con microplásticos, metales pesados y pesticidas; en un mundo en el que la producción de alimentos en masa está infiltrando innumerables químicos sintéticos. En este mundo, todos deberíamos ser conscientes del papel predominante que desempeña la medicina ambiental.

Una de las consecuencias del aumento de los tóxicos ambientales omnipresentes es el aumento de la aparición del síndrome de sensibilidad química múltiple (SQM).

Los tóxicos ambientales más frecuentes que hemos detectado en nuestros pacientes destacan la gran utilidad del diagnóstico de la medicina ambiental:

  1. Mercurio (amalgama, pescado, lámparas incandescentes, tubos de neón, frutas tropicales, centrales térmicas de carbón/en Hamburgo, por ej., hay tres, tintura del trigo, termómetros clínicos etc.)
  2. Plomo de tabaco, pipas de agua, setas y mariscos
  3. Arsénico
  4. Disolventes de varios tipos
  5. Estaño
  6. Retardantes de llama (bifenilos polibromados)
  7. Bifenilos policlorados (PCB de pinturas, barnices, pegamentos, sellos, polvo, desgasificación de concreto)
  8. Pentaclorofenol (impregnante para madera, contaminación del aire en el interior)
  9. Plaguicidas, insecticidas, fungicidas, herbicidas en los productos alimenticios
  10.  Microplásticos, ftalatos, bisfenoles (envases de alimentos y pescado)
  11.  Antimonio
  12.  Aluminio (todavía presente en medicamentos y vacunas, latas)

Podemos comprobar la capacidad de desintoxicación individual de forma muy precisa a través de la fase 1 y la fase 2 del metabolismo de desintoxicación.

Fase 1 Se hace una pruebe de la desintoxicación a través del sistema Cytochrome P-450. Aquí ya se pueden verificar las capacidades metabólicas y las capacidades de desintoxicación individuales. En particular, se pueden demostrar las tolerancias e intolerancias a medicamentos de forma precisa.

Fase 2 nos permite examinar la capacidad de desintoxicación individual de los tóxicos ambientales de forma fiable:

Las Glutatión S-Transferasas (GST) desempeñan un papel clave en la desintoxicación de carcinógenos y otras toxinas, por ejemplo, los metales pesados tóxicos como el mercurio y el plomo, que detectamos con frecuencia. Las variantes genéticas de las enzimas GST-M1, GST-T1 y GST-P1 provocan una eliminación deficiente de los radicales intermedios de las reacciones de la fase I, lo que aumenta el riesgo de tumores, enfermedades neurodegenerativas y muchas enfermedades relacionadas con el estrés oxidativo. El hecho de que medicamentos pierden su efecto terapéutico también está asociado con esto.

Las enzimas GST-M1 y GST-T1 pueden presentar una pérdida completa de actividad, para GST-P1 se conoce una variante genética que puede tener la consecuencia de una actividad enzimática modificada.

La Epóxido hidrolasa microsomal (mEH) convierte los epóxidos reactivos obtenidos de la fase I, en sustancias solubles para que el organismo pueda segregarlos. Además de las sustancias extrañas como las acrilamidas de las papas fritas, los bencenos (tráfico) y las aflatoxinas (moho tóxico), se neutralizan varios medicamentos. Existen dos mutaciones del gen de la mEH que, dependiendo de su presencia, conducen a un aumento o a una disminución de la actividad de la mEH y pueden llevar a un aumento de la toxicidad de las sustancias que forman epóxidos relacionados con la desintoxicación.

Diferentes variantes del gen de la N-acetiltransferasa 2 (NAT2) conducen al tipo «acetilador lento» en la fase II. Debido a una acumulación de metabolitos radicales de la fase I, pueden aparecer reacciones adversas y tóxicas clínicamente relevantes como la hipersensibilidad, la neuropatía o leucopenia. NAT2 se produce en el hígado y es parte del proceso de desintoxicación de benz(o)pireno, aromáticos policíclicos e hidracinas; también está implicado en la descomposición de aminoácidos.

La paraoxonasa 1 (PON1) hidroliza varias neurotoxinas y varios insecticidas organofosforados que todavía se utilizan con frecuencia, como el paratión (E605), el diazinón y el clorpirifós, así como muchas otras sustancias tóxicas. Dos variantes genéticas en el gen PON1 están asociadas con una actividad enzimática reducida.

Superóxido dismutasa 2 (SOD2) protege a las mitocondrias del estrés oxidativo causado por los radicales libres de oxígeno. Además, esta enzima desempeña un papel importante en el proceso de la desintoxicación de amalgama. Una alteración genética se asocia con una enzima menos activa, lo que significa que los portadores de la alteración genética corren el riesgo de dañar las mitocondrias. El resultado es un proceso de envejecimiento acelerado. Estos pacientes presentan también un mayor riesgo de cardiomiopatía en la sobrecarga de hierro, procesos degenerativos óseos, enfermedades autoinmunes, infertilidad masculina, cáncer de mama, cáncer de ovario y la posibilidad de Parkinson.

 

Diagnóstico de la medicina ambiental

  1. Estado de los tóxicos ambientales, a menudo almacenadas durante años, que bloquean y dañan la autorregulación natural del cuerpo
  2. Prueba de cargas de metales pesados
  3. Diagnóstico extendido de otros tóxicos ambientales cotidianos (microplásticos, contaminación de interiores, etc.)
  4. Análisis de filtrado, también llamado análisis de eluato (después de la diálisis de la sangre/plasma), por medio de la  INUSféresis®
  5. Diagnóstico genético
  6. Prueba del síndrome aerotóxico
  7. Análisis biológico de edificios, en casa o en el trabajo.

Si los resultados del laboratorio resultan ser anormales, encontrará las terapias de desintoxicación.