Demencia y la enfermedad de Alzheimer

Tóxicos ambientales afectan los nervios

El Alzheimer y la demencia se diagnostican son enfermedades que se detectan con mayor frecuencia hoy en día, y eso no solo se basa en el envejecimiento de las sociedades industriales occidentales, sino también en los tóxicos ambientales como el plomo, el mercurio (tasa de infestación muy alta) y los tensioactivos liposolubles (la mayor parte de nuestro cerebro está compuesto de grasas). En la mayoría de los casos detectamos una deficiencia de nutrientes esenciales como las grasas omega-3 y los fosfolípidos, una deficiencia de vitaminas (especialmente las vitaminas B), una carencia de vitales y oligoelementos vitales. Hay muchos procesos que pueden favorecer al desarrollo de Alzheimer, como por ejemplo la deficiencia crónica de O2 (deficiencia de oxígeno), que aparece como consecuencia de la arteriosclerosis o del síndrome de apnea del sueño o una inflamación subliminal permanente latente de las arterias que abastecen al cerebro.

Se puede concluir que todos los dichos mecanismos están implicados en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer y la demencia.

La enfermedad de Alzheimer y la demencia no son casos perdidos. Muchas veces podemos influir al desarrollo de la enfermedad, usando métodos precisos. Con medidas preventivas, es posible evitar tanto el Alzheimer como la demencia.

Las enfermedades neurológicas, han aumentado constantemente en las últimas décadas, al igual que otras enfermedades tóxicas y autoinmunes. La única explicación concebible para este fenómeno es el aumento de los tóxicos ambientales cotidianos y la pérdida simultánea de nutrientes vitales de los alimentos. Los nutrientes vitales o antiinflamatorios son casi inexistentes en los alimentos convencionales cuyas apariencias saludables engañan. La comida rápida y los platos preparados suelen contener un exceso de azúcar y están llenos de grasas malas (grasas trans) y esto promueve a inflamaciones subliminales latentes crónicas. (véase por ejemplo la película «Super Size Me», Michael Moore).

El 64% de nuestro sistema nervioso está compuesto de grasas diferentes. Todas las sustancias liposolubles que se utilizan a diario son potencialmente dañinas para nuestro sistema nervioso.

Desintoxicación cerebral

Un promedio alto del metabolismo cerebral requiere una alta eliminación de los residuos bioquímicos. Esto es aún más importante, ya que algunas sustancias representan un gran peligro para el cerebro, en particular las proteínas deformadas y numerosos tóxicos ambientales.

Los sistemas de filtrado de la barrera hematoencefálica y la barrera sangre-líquido cefalorraquídeo, así como por el bloqueo del sistema linfático, dificultan el proceso de eliminación de residuos cerebrales.

Aunque ya existían estudios concretos sobre un sistema de desintoxicación cerebral desde los años ochenta, no se reconoció como un sistema circulatorio interno independiente hasta el año 2012, cuando se hicieron pruebas utilizando nuevos métodos de detección. Se le denominó sistema glinfático debido a su función en el sistema linfático y de las células de soporte glial.

A través de los espacios vasculares estrechos, que se encuentran alrededor de la pared externa de las venas, es decir, a través del espacio perivascular, una pequeña parte del líquido cefalorraquídeo llega al espacio intermedio de la bóveda craneal y el cerebro (espacio subaracnoideo o espacio leptomeníngeo). De esta manera puede llegar a todas las demás áreas cerebrales y distribuirse allí, con la ayuda de las células gliales. Junto con las sustancias tóxicas y residuos químicos retorna de nuevo a la meninge y al sistema linfático.

Así que tenemos posibilidades de apoyar los procesos de la desintoxicación cerebral de forma muy precisa.

La  INUSféresis® proporciona la solución adecuada para un tratamiento terapéutico con eficacia.

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